Entrevista a sixto herrera

Esta semana entrevistamos a Sixto Herrera García, Chistu, jugador del Cowper-Universidad de Oviedo y auténtico motor del club.

Hola Sixto, hace unos días Aarón debutaba en División de Honor lo que hizo recordarnos la temporada que jugasteis en esa categoría Tato y tú con el Independiente, ¿cómo fue aquel año?

Cansado (risas). Por un lado, fue un año de aprendizaje continuo. En lo deportivo entrenas y compites rodeado de un grupo profesional, sea literal o por la dedicación que ponen a su labor, el cual tiene conocimientos del deporte y el entorno que normalmente ni te plantearías, y que te llevan a niveles de exigencia, física y mental, que antes no habías desarrollado o no con esa intensidad y continuidad. En lo extradeportivo, a lo largo del año terminas conviviendo con toda la gente que engloba un club, incluyendo su afición que nos siguió por toda España, aprendiendo de sus mentalidades, puntos de vista, experiencia, y disfrutando y sufriendo con ellos. Por otro lado, lo “pasé pipa”, jejeje. Siempre me gustó jugar con gente mejor que yo, creo que es cuando más se aprende, y ese año era … ¡todo el mundo!, pero al final me hice un hueco en el equipo y disfruté como un enano. Finalmente, y volviendo al principio, terminé el año cansado, física y mentalmente, pero encantado de haber tomado esa decisión, en la cual Taho tuvo un gran peso, y haber podido jugar ese año con amigos como Tato, Mora, etc…

Empezaste jugando de ala, posición poco habitual para ti, pero acabaste la temporada de flanker, ¿a qué se debió ese cambio?

Desde el principio mi rol en el equipo iba a ser un poco el de “comodín”, aunque inicialmente contaba con empezar de flanker. Por motivos técnicos, dado que había otros terceras jugando muy bien, empecé de ala, para lo cual me sirvieron los años de zaguero y de centro, así como los consejos del resto de jugadores y, sobre todo, de Brad, el entrenador neozelandés de la tres cuartos. En cualquier caso, siempre que había entrenamientos específicos de delantera (p.e. melé) me iba con ellos para trabajar esas fases. En parte, el cambio a flanker lo solicité yo tras el partido ante Hernani en San Román en el que cuando iba a salir de ala se lesionó un tercera, de modo que salí por él y disfruté mucho más que en los partidos anteriores de ala. Tras el partido me reuní con el equipo técnico solicitando entrar en las rotaciones de tercera siempre que fuera posible a pesar de continuar trabajando con la tres cuartos y jugando, si así lo estimaba el cuerpo técnico, de ala. Tras varios partidos aún bailando entre posiciones, en Getxo me alinearon como 6 titular y creo que, salvo partidos aislados, me quedé con ese puesto el resto de la temporada ya que, aunque perdimos, parece que convencí a jugadores y cuerpo técnico. Por resumir, en las semifinales de liga ante el VRAC me tocó jugar de ala ciego en ataque, de centro con Tato en defensa y saltar-levantar la touch larga al entrar en 22 rival, y en la Final de Copa del Rey, si no recuerdo mal, aparezco como “utility” sin especificar si “back” o “forward”.

Aquel año llegasteis a la final de la Copa del Rey, ¿qué recuerdos tienes de aquel partido en Palencia?

Realmente toda la competición de Copa fue muy emocionante y desde la clasificación en semifinales en Madrid ante el Cisneros, a la que fue medio Cantabria, se vivía un gran ambiente de cara a la final con todo el mundo dando su apoyo y planificando el viaje a Palencia. Aunque llegábamos con lesionados y algún contratiempo creo que todo el equipo confiaba en que podíamos ganar, si bien el VRAC gestionó mejor los tiempos del partido y terminó ganando justamente la Copa. Del partido en sí, recuerdo haber pasado menos nervios de los que esperaría, de ser consciente del tremendo apoyo de la grada durante todo el partido, mucho cuando nos pusimos delante y más aún cuando el VRAC iba ganando, de sufrir mucho en la banda tras el cambio, de celebrar, a pesar de la derrota, con toda la gente que vino a vernos en el post-partido (de hecho, trasladamos el tercer tiempo ya que iba a ser en el interior y lo pasamos a los aledaños del Estadio para poder disfrutar con todos los amigos que se habían acercado a ver el partido), y del cariño y respeto de la afición del VRAC.

Tuvisteis un entrenador neozelandés parte de ese año del que hablabas maravillas, ¿qué aprendiste con él?

De Brad creo que nos quedó por aprender un mundo ya que se fue antes de Navidad para incorporarse al cuerpo técnico de los Crusaders de Canterbury, con quienes terminaron ganando el Super XV. Creo que más allá de detalles técnicos lo que más me sorprendió de Brad es la concepción, el respeto y el amor por nuestro deporte y todos los que participan de él, y la humildad que transmitía en todo momento. No sé si llegué a aprenderlo pero sí he tratado de asimilarlo y transmitirlo en la medida de lo posible. Técnica y tácticamente era un “continuum”, desde la relevancia de los pequeños detalles en nuestro deporte y cómo se manifiestan en el juego global, hasta una libreta completa de ejercicios y entrenamientos que apuntaba cada entrenamiento y que he ido pasando y transmitiendo.

Llevas jugando a rugby toda la vida, hacer un resumen de tu trayectoria sería complicado, ¿qué te ha aportado este deporte?

Yo recalé en el Cowper, junto con Taho y otros amigos del colegio Gesta I, con 12 años a la vez que jugaba a fútbol y hacía atletismo. Si bien los tres te educan en el esfuerzo, el rugby me aportaba más por el compañerismo y el buen ambiente que se respiraba tanto dentro como fuera de los entrenamientos, por eso me enganchó desde el comienzo a pesar de ser malíiiiiiiisimo, jejeje. El viaje a Ejea de los Caballeros fue un ejemplo de ello, no ganamos ni un partido, a mí me cambiaban siempre en el segundo tiempo porque no placaba ni al aire y, sin embargo, no recuerdo ninguna sensación de decepción, reproche entre compañeros o de los entrenadores a los jugadores, únicamente la conjunción de equipos de toda España, con niveles muy diferentes de juego, disfrutando de un fin de semana de rugby. Creo que esos principios son la principal aportación de nuestro deporte a todo el que se acerca, incluyéndome a mí, si bien yo estoy seguro de que no hubiera avanzado en muchos ámbitos de la vida, como los estudios, sin el desahogo y desconexión que me suponía entrenar y jugar, tanto en el Cowper como aquel año en el Independiente.

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